En tanto a que somos personas nos configuramos como seres únicos e indivisibles, nuestro espíritu vital es sólo uno, sin embargo, en algunas ocasiones proyectamos nuestra existencia en nuestro entorno, tanto que dividimos nuestro ser en trozos que depositamos en otras personas, por ende, las hacemos dueñas de nuestra trayectoria vital y ellas, por ende, llegan a condicionar nuestro estado de ánimo y nuestra conducta. Podríamos hablar de que existe una alienación de nuestro "yo" en la cual éste, aunque no deje de existir, se puede llegar a ver minimizado al máximo. Esto es algo propio de nuestra mente hiperdesarrollada, la cual, si no controlamos, puede llegar a volvernos irresponsables con nosotras y nosotros mismos. Hemos olvidado la existencia del "yo" y la hemos cambiado por "tú" o "vosotros/as", algo que puede conducir a la destrucción individual y hacer que acabemos en un pozo emocional y social.
Pese a ser algo tan real y tan cotidiano, las personas, en general, no se dan cuenta de que este hecho es algo que las daña tanto a ellas como a la sociedad, perjudicando a la especie humana. Sin embargo, cabe decir que el apego es algo absolutamente normal y natural pero que puede conducir a lo mencionado anteriormente, es decir, el apego puede llevarnos a progresar en conjunto pero también puede conducirnos al desastre. Cuando un ser querido fallece o cuando una persona querida nos deja de lado, por ejemplo, podemos llegar a sentir un profundo dolor, ya que hemos depositado un trozo de nuestro "yo" en ellas. Lo cierto es que esto es algo evitable y no por ello dejamos de quererlas, simplemente reconocemos que, pese al afecto que sentimos, entendemos que merecemos ser felices pese a que la realidad se complique. La gran meta es lograr querer a las personas que creemos merecedoras de ese afecto pero sin apegarse, es decir, entender que la vida está sujeta a cambios y que nada en nuestro entorno debe hacernos infelices, al menos durante un período extenso de tiempo. Además, también es preciso quedarse con la parte buena y ver lo que todavía nos queda, no tan sólo lo que se ha ido.
Es normal sentir dolor por una persona querida que ya no está, bien porque falleció o, de algún otro modo, ya no está en nuestras vidas, incluso también es normal sentirlo si vislumbramos alguna otra circunstancia ajena que resulta triste. En este último caso no estábamos apegados o apegadas, pero sentimos dolor, por ende, es posible querer sin apego.
Podríamos decir, para separar las ideas de esta entrada, que el apego implica depositar la felicidad propia en otra u otras personas (o cosas incluso), mientras que "querer", según mi pensamiento, es sentir afecto por los y las demás, pero, al mismo tiempo entender que merecemos ser felices aunque el entorno cambie y, por lo tanto, aunque en un momento sintamos dolor, sepamos dejarlo a un lado y no permitir que se prolongue de forma extensa en el tiempo, se trata de un ejercicio de autor responsabilidad.
Por otro lado, yendo ahora a las cosas, el apego se trata también de algo nocivo, aquí hablamos del llamado "materialismo", es decir, el depositar nuestro ser en objetos o cosas materiales, algo que es incluso más "autoirresponsable" que el sentir apego por personas (o por animales o plantas).
Es bien sabido que el materialismo no conduce a la felicidad pero, al tratarse de una adicción a adquirir cosas y/o dinero, la persona no se da cuenta en absoluto. Lo más grave es que el propio sistema económico actual lo promueve y, tal y como está configurado, podría decirse que lo necesita para subsistir. La economía actual precisa que la gente consuma y, por ende, el márketing y la llamada "obsolescencia programada" se encargan de hacerlo.
Yendo ahora al márketing, éste lo componen personas que se encargan de influir en las personas para la adquisición de bienes. Cabe decir antes de nada que adquirir bienes que, de forma objetiva, necesitamos (comida o ropa, por ejemplo), no es algo malo, el problema surge cuando, víctimas de una manipulación compramos cosas que no necesitamos. No debemos caer en la trampa y dejar que nos manipulen para adquirir algo que no necesitamos, igualmente, sí que podemos darnos un capricho en un momento dado si podemos permitírnoslo, pero nunca debemos dejarnos manipular, incluso, aunque queramos un capricho, debemos valorar diferentes opciones.
A modo de resumen, es recomendable desde un punto de vista social e individual, llevar un estilo de vida simple y responsable con nosotros mismos y mismas. De todos modos, la filosofía que yo defiendo no debe llevarse al extremo y volvernos egoístas, de esto yo no soy partidario, ya que este pensamiento y lo que yo llamo "oligoísmo" (interés de unos pocos/as), es destructivo a nivel individual y social.
Debemos recordar, además, que nuestra existencia es una cadena sin fin donde todo lo que nos suceda, venga del entorno o de nuestro interior, puede influir en nuestro trato con los demás, para bien o para mal, algo que debemos tener siempre presente.
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