Una profundización en los conflictos de intereses
Los seres humanos somos sociales por naturaleza, vivimos en cercanía con pequeños grupos y, al mismo tiempo, también en otro más grande: el Estado. Éste último se configura como una proyección del poder popular, el cual, mediante democracia representativa, elige a aquellos y aquellas representantes que están más de acorde con su pensamiento, el cual, desde mi punto de vista, viene determinado por las condiciones sociales y económicas en las que vive una persona. Por ende, podemos deducir algo muy claro: la política es un eterno conflicto de intereses. Marx tenía razón en cuanto a la lucha de clases, sin embargo, existen más luchas, no sólo ésta. Hallamos conflictos motivados por ideas racistas, xenófobas, machistas, religiosas, etc., donde cada persona decide posicionarse o bien en un lado o bien en otro. Nos encontramos con conflictos entre pensamientos dispares que buscan el bien (sí, incluso aquellas ideologías más destructivas a nivel colectivo e individual buscan, en teoría, el bien, pero sólo para una parte) pero con métodos diferentes, sin embargo, vemos que estas diversas ideologías defienden los intereses de ciertos grupos sociales en y no los de la totalidad de la población nacional, por lo que de este modo se eterniza el proceso de sufrimiento colectivo. La población, en general, no piensa como un todo, no tiene una perspectiva nacional real de pensamiento, ya que, a la hora de la verdad, se prefieren los intereses particulares o los de un grupo a los de la totalidad, es decir, vivimos en un país con escasa conciencia colectiva, donde, en general, preocupa poco el bienestar de otras personas ajenas a un grupo particular y personal. Podemos deducir, por lo tanto, que no existe en nuestro país un sentimiento nacional puro que mire por el bien de todos y todas, a la par que también ciertos sectores sociales desprecian al extranjero, llevando a cabo conductas motivadas por un pensamiento nocivo y destructivo causante de dolor y sufrimiento.
En la entrada anterior hablé de que pese a ser diferentes podemos vivir bien (y debemos). El hecho de que existan ideas que quieran pasar por encima de otras por un mero conflicto de intereses tan sólo provoca dolor en el país en sus personas. Cualquier cambio que se lleva a cabo despreciando a quién piensa diferente, termina en la miseria, no sólo moral, sino también económica y social. Se debe buscar el acuerdo y la transformación de aquellas personas cuyas ideas extremas tan sólo provocan sufrimiento social.
Debemos aspirar a estar más unidos y unidas, llegando a soluciones donde todos y todas ganemos y podamos crecer, siempre libres de odio. Sin embargo, ahora tenemos la problemática de las ideas machistas, racistas y xenófobas (y otro tipo de odios, como por ejemplo, el referente a las personas mayores o con diversidad funcional) surgidas de la parte más irracional del ser humano, por ende, lograr un acuerdo que augure prosperidad con este tipo de ideas resulta especialmente complicado y la única solución sería abandonar ese pensamiento por parte de quienes lo profesan, por ende resulta lógico que la nueva sociedad del siglo XXI castigue penalmente y rechace las manifestaciones de estas ideas, las cuales sólo traen sufrimiento colectivo y sólo buscan el bien para un grupo determinado (racistas, machistas, etc.)
Puesto que somos seres sociales, debemos ser mas consecuentes con nuestros pensamientos y llegar más a acuerdos, creando así una conciencia colectiva verdadera, pura y sincera, que pueda proporcionar una felicidad general. No obstante, no debemos olvidar que, pese a pertenecer a un Estado en concreto, todos y todas somos seres humanos somos sociales por naturaleza, vivimos en cercanía con pequeños grupos y, al mismo tiempo, también en otro más grande: el Estado. Éste último se configura como una proyección del poder popular, el cual, mediante democracia representativa, elige a aquellos y aquellas representantes que están más de acorde con su pensamiento, el cual, desde mi punto de vista, viene determinado por las condiciones sociales y económicas en las que vive una persona. Por ende, podemos deducir algo muy claro: la política es un eterno conflicto de intereses. Marx tenía razón en cuanto a la lucha de clases, sin embargo, existen más luchas, no sólo ésta. Hallamos conflictos motivados por ideas racistas, xenófobas, machistas, religiosas, etc., donde cada persona decide posicionarse o bien en un lado o bien en otro. Nos encontramos con conflictos entre pensamientos dispares que buscan el bien (sí, incluso aquellas ideologías más destructivas buscan el bien, pero sólo para una parte) pero con métodos diferentes, sin embargo, vemos que estas diversas ideologías defienden los intereses de ciertos grupos sociales en realidad de forma irracional y no los de la totalidad de la población nacional, por lo que de este modo se eterniza el proceso de sufrimiento colectivo. La población no piensa como un todo, no tiene una perspectiva nacional real de pensamiento, ya que, a la hora de la verdad, se prefieren los intereses particulares o los de un grupo a los de la totalidad, es decir, vivimos en un país con escasa conciencia colectiva, donde, en general, preocupa poco el bienestar de otras personas ajenas a un grupo particular y personal. Podemos deducir, por lo tanto, que no existe en nuestro país un sentimiento nacional puro que mire por el bien de todos y todas, a la par que también ciertos sectores sociales desprecian al extranjero, llevando a cabo conductas motivadas por un pensamiento nocivo y destructivo causante de dolor y sufrimiento.
En la entrada anterior hablé de que pese a ser diferentes podemos vivir bien (y debemos). El hecho de que existan ideas que quieran pasar por encima de otras por un mero conflicto de intereses tan sólo provoca dolor en el país en sus personas. Cualquier cambio que se lleva a cabo despreciando a quién piensa diferente, termina en la miseria, no sólo moral, sino también económica y social. Se debe buscar el acuerdo y la transformación de aquellas personas cuyas ideas extremas tan sólo provocan sufrimiento social.
Debemos aspirar a estar más unidos y unidas, llegando a soluciones donde todos y todas ganemos y podamos crecer, siempre libres de odio. Sin embargo, ahora tenemos la problemática de las ideas machistas, racistas y xenófobas (y otro tipo de odios, como por ejemplo, el referente a las personas mayores o con diversidad funcional) surgidas de la parte más irracional del ser humano, por ende, lograr un acuerdo que augure prosperidad con este tipo de ideas resulta especialmente complicado y la única solución sería abandonar ese pensamiento por parte de quienes lo profesan, por ende, resulta lógico que la nueva sociedad del siglo XXI castigue penal y/o socialmente las manifestaciones de estas ideas, las cuales sólo traen sufrimiento colectivo y sólo buscan el bien para un grupo determinado (racistas, machistas, etc.). No obstante, esta condena no se da en todos los Estados del mundo.
Puesto que somos seres sociales, debemos ser mas consecuentes con nuestros pensamientos y llegar más a acuerdos, creando así una conciencia colectiva verdadera, pura y sincera, que pueda proporcionar una felicidad general.
Para terminar, no debemos olvidar que, pese a pertenecer a un Estado concreto (diverso en sí mismo), todos y todas somos seres humanos, por lo que no debemos caer en un nacionalismo extremo que produzca odio. Igualmente, hay que tener en cuenta que si la nación es próspera, el mundo será próspero, pero para ello todas las personas deben cambiar.
En la entrada anterior hablé de que pese a ser diferentes podemos vivir bien (y debemos). El hecho de que existan ideas que quieran pasar por encima de otras por un mero conflicto de intereses tan sólo provoca dolor en el país en sus personas. Cualquier cambio que se lleva a cabo despreciando a quién piensa diferente, termina en la miseria, no sólo moral, sino también económica y social. Se debe buscar el acuerdo y la transformación de aquellas personas cuyas ideas extremas tan sólo provocan sufrimiento social.
Debemos aspirar a estar más unidos y unidas, llegando a soluciones donde todos y todas ganemos y podamos crecer, siempre libres de odio. Sin embargo, ahora tenemos la problemática de las ideas machistas, racistas y xenófobas (y otro tipo de odios, como por ejemplo, el referente a las personas mayores o con diversidad funcional) surgidas de la parte más irracional del ser humano, por ende, lograr un acuerdo que augure prosperidad con este tipo de ideas resulta especialmente complicado y la única solución sería abandonar ese pensamiento por parte de quienes lo profesan, por ende, resulta lógico que la nueva sociedad del siglo XXI castigue penal y/o socialmente las manifestaciones de estas ideas, las cuales sólo traen sufrimiento colectivo y sólo buscan el bien para un grupo determinado (racistas, machistas, etc.). No obstante, esta condena no se da en todos los Estados del mundo.
Puesto que somos seres sociales, debemos ser mas consecuentes con nuestros pensamientos y llegar más a acuerdos, creando así una conciencia colectiva verdadera, pura y sincera, que pueda proporcionar una felicidad general.
Para terminar, no debemos olvidar que, pese a pertenecer a un Estado concreto (diverso en sí mismo), todos y todas somos seres humanos, por lo que no debemos caer en un nacionalismo extremo que produzca odio. Igualmente, hay que tener en cuenta que si la nación es próspera, el mundo será próspero, pero para ello todas las personas deben cambiar.
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