Intereses
El poder está rodeado de conflictos de intereses creados por personas de muchos ámbitos ideológicos, nuestra historia pasada y la actual nos lo demuestra. La humanidad siempre ha estado dividida en distintos tipos de pensamientos, esto es algo normal, sin embargo, las personas, en general, a lo largo de la historia y en el presente, hemos elegido no dialogar y luchar contra otros miembros de nuestra propia especie, perpetuando una lucha que produce crisis sociales continuas, así como políticas y también económicas. No hemos aprendido mucho de nuestro pasado y seguimos tropezando en el mismo error.
El único modo de salir del círculo vicioso de conflictos es llegar a acuerdos en los que todas las partes involucradas deben ceder uno o varios aspectos para llegar a una solución. La transición española es una clara muestra de consenso entre fuerzas políticas de ideologías dispares que cedieron para construir un nuevo sistema. Lo mismo se debe hacer continuamente para evitar conflictos que puedan llegar a paralizar la política y la economía, se debe dejar a un lado el ego y entender que la política son puntos de vista diversos que todos buscan el bien nacional, sin embargo, las personas contaminamos los pensamientos con nuestro afán de protagonismo, perjudicando así los intereses de la población, llegando a paralizar a todo un país.
Hay que decir que, en caso de conflicto entre ideologías, si la que ha perdido no percibe justicia en ese resultado, probablemente el descontento se traduzca en una reanudación de esa lucha y, por ende, volverá a comenzar un conflicto perpetuo, volvemos entonces a la idea de que la negociación, el acuerdo, el consenso y el ceder, son las únicas vías de resolución de conflictos. Evidentemente, toda solución debe estar respaldada por la ley, ¿qué ejemplo se daría si solucionamos una confrontación fuera de la ley? Nuestro Estado se convertiría en una organización falta de credibilidad en la que no se podría confiar. Además, a la par que toda solución va de la mano de la ley, también debe ir en consonancia con el artículo 1 de nuestra Carta Magna, el cual dice que España es un Estado social y democrático de derecho, lo cual implica que los poderes públicos (las y los políticos) deben actuar conforme a los intereses de la población (dentro de la ley), siempre buscando un acuerdo entre ellos mismos y entre la propia gente y, la población, además, también debe hacer el esfuerzo de ceder y entender que esto es crucial para progresar.
Debo decir además que, en relación con lo anterior, también hay que decir que, puesto que somos un Estado social y democrático de derecho (con lo que esto implica tal y como dije antes), si la población no lo percibe así porque los poderes públicos no actúan en consonancia con esos principios, también ello supone una de pérdida de fe en el Estado y en la política.
Somos seres sociales por naturaleza, la política inunda nuestras vidas y es la que hace funcionar el sistema, en nuestra mano está en construir un Estado cuya calidad política sea impecable. Esto es un llamamiento a todos y a todas, tanto a los y a las ciudadanas como a los poderes públicos: las confrontaciones sólo producen división y pérdida de fe en el Estado y en el sistema.
-Nota: aunque la transición española fue un símbolo por excelencia de diálogo y consenso, se cometieron errores antidemocráticos en la elaboración de la Constitución de forma intencionada. Se me ocurren ahora mismo dos:
1. La condición de inviolabilidad del Jefe del Estado (y por lo tanto la contradicción con respecto al artículo 14 que defiende la igualdad de los españoles ante la ley).
2. No existe separación entre el Poder Judicial y el político.
-Nota: aunque la transición española fue un símbolo por excelencia de diálogo y consenso, se cometieron errores antidemocráticos en la elaboración de la Constitución de forma intencionada. Se me ocurren ahora mismo dos:
1. La condición de inviolabilidad del Jefe del Estado (y por lo tanto la contradicción con respecto al artículo 14 que defiende la igualdad de los españoles ante la ley).
2. No existe separación entre el Poder Judicial y el político.
El problema es que en la practica no se puede pretender que tales idealismos sean aplicables siempre, hay casos y casos, y muchos de ellos, tan injustos para ciertas partes donde no existe más remedio que tomar una medida extrema. Bastante conciliadora tu entrada, estoy parcialmente de acuerdo.
ResponderEliminarGracias por tu comentario 👍👍
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